miércoles, 11 de mayo de 2011

GLOBALIZACION EN LA CULTURA




Cada grupo humano genera una cultura, integrada por un conjunto de "vivencias, pensamientos y sentimientos" invisibles que se concretan en "organizaciones, celebraciones..." visibles.
Las tecnologías de la televisión y de Internet han permitido poner al alcance de jóvenes y mayores una gran cantidad de inputs culturales que, a veces, proceden de culturas lejanas, son virtuales o son producidos por empresas con afán de lucro.
Pero para que un input cultural (un libro, una película, un espectáculo ofrecido en un parque temático, un videojuego, un anuncio, una discusión con los amigos o una excursión) ayude a la socialización de un joven o a la humanización de un adulto, tiene que ser recibido después de haber sido elegido y tiene que elaborarse activamente, para adaptarlo a la historia personal o colectiva del propio grupo humano. Cuando no hay adaptación (y al déficit de adaptación contribuye la cultura del consumismo compulsivo y la estrategia comercial de la industria del entretenimiento), los inputs culturales fomentan adicciones o convierten a los ciudadanos-consumidores en sujetos pasivos. Cuando hay adaptación, como en Sophiatown, los inputs culturales aterrizan adecuadamente en una persona o en un grupo humano concreto y transforman su cultura en un sentido humanizador.
En el proceso de aterrizaje adecuado de los inputs culturales globales, tienen un papel importante personas concretas que catalicen con paciencia y sabiduría los procesos de adaptación y de personalización. Los educadores, los padres o los líderes de instituciones de tiempo libre tienen que ser capaces de estimular la búsqueda activa de los niños y de los jóvenes a fin de que cada individuo o cada grupo elabore su proyecto de vida dirigido a la humanización del grupo humano concreto.
Los problemas culturales que hemos presentado invitan a la acción de personas e instituciones para que el rostro cultural de la globalización se ponga al servicio de formas de vida más humanas. En los capítulos anteriores hemos presentado, de forma análoga, retos tecnoeconómicos y sociopolíticos.
Todos estos retos nos han permitido profundizar en el significado de la palabra-ídolo que nos ocupa: globalización. Es hora de recapitular su significado y de apuntar propuestas de acción humana que permitan aprovechar las oportunidades que ofrece y evitar sus riesgos.

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